Por increíble que parezca, mauritanos, esa foto, hecha casi mil años antes de que se inventara la fotografía, existe. El invento de capturar una imagen, mecanismo que ni siquiera hoy comprendemos del todo, fue algo que dio un brusco giro en los acontecimientos de la historia. De repente, una persona podía quedar inmortalizada en un papel, eternamente joven y sonriente, incluso después de la muerte… De pronto, unos cuantos personajes comenzaron a dar rienda suelta a su imaginación, usando la potente herramienta que había nacido para capturar almas: estaba surgiendo el cine, y con él, una nueva etapa en la era humana.
Pero hagamos un paréntesis aquí. Ahora, en lugar de avanzar en el tiempo, miremos hacia el pasado. La leyenda cuenta, la historia narra. Tras cumplirse la profecía, “el cordero será muerto sin hueso quebrado”, Jesús de Nazaret, sin el respaldo de unos escépticos apóstoles, fue llevado a su sepulcro, donde lo inhumaron, inerte tras brutales maltratos físiscos. Lo envolvieron en una sábana y lo aislaron del mundo de los vivos con una pesada losa de piedra. Quedaba esperar el milagro, que de cumplirse, realzaría vívidamente la fe de sus creyentes, algo inseguros tras los últimos acontecimientos.
Al tercer día, la pesada losa que sellaba su duelo se encontró desplazada. Dentro no había nadie. La sábana mortuoria, cuidadosamente doblada, yacía sobre la fría piedra. Jesús había resucitado. Y había dejado señales de semejante explosión de energía: en la sábana había quedado plasmada su silueta. Los apóstoles no volvieron a dudar de su Maestro, no volvieron a temer la crueldad de sus antagonistas.
Esa sábana se conserva en la actualidad en la catedral de Turín, por lo que se la conoce como La Sábana de Turín.
Sin embargo, eso es lo que cuenta la leyenda.
La realidad es que, tras someterla a la datación del carbono14, se ha descubierto que la tela proviene de una fecha entre 1260 y 1300, por lo que no pudo pertenecer a Jesús, nuestro buen colega. De todas formas, sí que pudo ser la sábana que envolviera a un crucificado, pues la precisíón anatómica que refleja la silueta fotografiada en la sábana es de una exactitud médica impactante. Entonces no sabían que el pecho de un crucificado (muerto de asfixia) quedaba hinchado desproporcionalmente, e igualmente desconocían que sus brazos, forzados por la violenta postura crucifija, se cruzaban cadavéricamente en una postura desencajada, antinatural. Todo esto lo refleja la sábana, por lo que no podía ser la obra intencionada de alguien, pues se observan datos inaccesibles para alguien de hace ocho siglos.
Además, se ha probado que la silueta no está formada con tinte alguno, ni con sudor o vapor. Creedlo, es una auténtica fotografía.
Mañana seguiré con este tema, pues tengo que irme. Espero que os guste saber, que además, esta foto tan antigua, es la única foto de la historia que contiene información tridimensional. Mañana os explico.
M?S SOBRE LA S?BANA DE TUR?N.
Nadie puede explicar cómo se hizo. Que existe no lo duda ninguno. Su autenticidad, aunque con más reservas, tampoco. Perteneciese a quien perteneciese, lo que resluta insólito, lo verdaderamente curioso del caso, y aunque las “leyendas” hayan intentado alejar nuestra atención de este aspecto, es que mil años antes de que nadie pudiera imaginar siquiera una cámara fotográfica, había un antecedente. Y lo demás es manipulación.
Aparte de los restos de ADN de gotas de sangre encontrados, del descubrimiento de sal de lágrimas en las fibras de la tela, de estudiar su oriental procedencia y su fecha de facbricación, los numerosos experimentos realizados sobre la reliquia no han esclarecido la verdad. Si acaso, han servido para que la Iglesia, que como siempre aprovechó este “milagro” para chupar del bote y vivir a costa de los ingenuos, deje de tomarnos por tontos en este punto. ¡Como si no fuera bastante que en el siglo XXI aún nos quieran vender un Dios que matemáticamente no cabe en nuestra razón! ¡Por favor, si Jesús existió fue porque a María le gustaba la marcha como a la mayoría! … Pero no nos desviemos.
El caso es que os he prometido una foto tridimensional, y ahora que he vuelto de clase, os lo explicaré. Es sencillo: el trazo de la silueta varía en intensidad según el grado de contacto que tuviera la tela con el cuerpo, dando así una valiosa información espacial, volumétrica, de distancia. Es decir, no es una foto plana, una imagen bidimensional…
Referente al caso, he llegado a escuchar teorías que dicen que el cuerpo no pesaba, ya que en los puntos donde mayor contacto debería haber con la sábana, donde mayor presión, el trazo desaparece. ¡Otra vez con la mosca! Y seguro que no pesaba por que los ángeles lo mantenían levitando. Yo creo (y esto ya es más subjetivo) que en esos trazos, la intensidad es máxima, tan grande que se confunde con el resto de la sábana.
Y ESTO ES TODO MI ABURRIMIENTO DE HORAS LIBRES RESUMIDO. ADIOS.
y por cierto, yo no me creería nada de lo que os acabo de contar, por muy chulo que esté. Imaginaos que ahora, para acabar, os digo que en verdad sí que se ha encontrado pintura en el manto, como jurarían muchos (quizá yo mismo), o que, en realidad, salta la vista que es obra estraterrestre. En fin, que no os creais las paridas que hay sueltas por internet.